lunes, 22 de febrero de 2010

Besos, caricias y libros

¡No puedo pasar la página del libro! ¡Ya empezamos otra vez! No hace tanto de la última adaptación que realizamos para que yo pudiera leer (poner un dedal de guante en el dedo, impulsar la hoja, soplar y recogerla con el dedo pulgar de la otra mano) y de nuevo me encuentro que tengo que pedir ayuda para pasar las hojas del libro. De nuevo toca afrontar una limitación, pero en esta ocasión se ha convertido en un dulce aprendizaje. Como yo solo no puedo, al terminar de leer una página llamo a alguien y entonces viene mi cuidadora y por lo general aprovechamos ese momento para hablar de algo con lo cual la lectura se enlentece, ya no corro como antes, e incluso a veces pierdo el hilo del relato. A veces logro que venga mi mujer con lo cual aprovecho para qué se desenganche del sinfín de tareas en el que siempre anda atareada, y casi siempre intercambiamos gestos o palabras de cariño. Esta nueva modalidad de lectura que podríamos llamar lectura acompañado me gusta más ahora que leer en solitario.

Caso aparte es cuando los que me atienden son los niños. Jesús (que es muy cariñoso) me pasa la hoja, me da un beso, me frota la calva y me hace una de sus preguntas adolescentes: oye papi ¿sabes cuántos habitantes tiene la Unión Europea?. Después de un rato de conversaciones con preguntas a veces imposibles se va a su cuarto, pero María suele jugar y estudiar casi siempre a mi lado, con lo cual es la encargada de pasar el mayor número de hojas. A ella hay que pedirle los besos y por eso cada página se convierte en un problema de ingenio en el cual y según me lo haya trabajado hay o no hay beso. El reto es aún mayor cuando quiero que me de un abrazo a lo que ella suele responder ¡papá no seas pesado!. Pero por eso, porque soy un cansino, después de varios intentos lo logro y normalmente suele ser un abrazo chillado..

Para tratar de buscar soluciones al problema llamo como siempre a mi amigo-hermano Rafa. Retomamos el tema ya que hace meses estuvimos viendo pasapáginas comerciales después de una conversación con Isabel. Me parecieron caros y demasiado grandes y cómo pude apañarme abandonamos esa posibilidad. A final de año Rafa me trajo un libro electrónico grande para ver lo que me parecía, sobre el tamaño de la letra, la ausencia de luminosidad, el formato etc... todo bien pero... no era accesible, yo no podía manejarlo al menos con comodidad con el escaso movimiento de algunos dedos de la mano que aún conservo. Menos mal que mi amigo es como yo un poco cansino y se puso en contacto con un distribuidor de este producto y ahora anda en negocios con ellos para ver si se puede acceder a él a través de un pulsador.

¿Cual será la opción finalmente elegida? ¿Será esta la adaptación definitiva?... no lo se, pero al menos he aprendido con la experiencia del camino que eso no es lo importante, que el mañana no toca vivirlo hoy, que esta lucha se libra día a día.

Libro electrónico, aparato pasapáginas o seguir con el método tradicional de llamar a alguien. No se en qué quedará esta aventura. Lo que sí se es que sea cual sea la adaptación que incorpore a mi ya nutrido arsenal no quiero renunciar a tener un libro en las manos y pedir ayuda, ya que entonces no me sentiría tan acompañado y me perdería el cariño, la compañía, los besos y las caricias de mi familia..
Jesús Marchal

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